Durante siglos, el paso de Selim fue un eslabón esencial de la Gran Ruta de la Seda, uniendo los prósperos mercados de Vayots Dzor y Gegharkunik. Por sus sinuosos caminos de montaña transitaban largas caravanas de camellos cargados de sedas, especias y otras mercancías preciosas con destino a Occidente. Cansados viajeros y animales necesitaban con urgencia descansar, y en 1332 el príncipe Chesar Orbelyan ordenó construir en el paso un espacioso caravasar.
Esta imponente construcción, diseñada en forma de sala de tres naves, sorprende aún hoy por la sobriedad y la practicidad de su concepción. Las estrechas aberturas del techo dejaban entrar una tenue luz, creando una atmósfera de penumbra misteriosa y al mismo tiempo garantizando la seguridad de los viajeros. Los gruesos muros de piedra protegían firmemente a los mercaderes de los vientos, el frío y los posibles ataques. Parece que en sus bóvedas aún resuenan los ecos de animadas charlas, el tintinear de monedas y el paso de los camellos.
El caravasar de Selim no fue solo un lugar de descanso, sino testigo de miles de historias de largos viajes y rutas comerciales que unían Oriente y Occidente. Hoy sigue recibiendo visitantes como un recordatorio vivo de aquellos tiempos en los que el pulso del comercio mundial atravesaba este paso montañoso.
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