En el borde del profundo cañón del Vorotan, como suspendido entre el cielo y la roca, se alza Vorotnavank – un monasterio medieval cuyas paredes respiran siglos de historia y leyendas. Su origen se remonta al año 1000, cuando la reina Shahandukht de Syunik ordenó levantar allí un refugio sagrado, confiando a la eternidad su ofrenda espiritual.
El conjunto incluye las iglesias de San Gregorio, San Stepanos y San Karapet, un amplio patio, una sala con columnas, una casa de huéspedes y un cementerio – un mundo de piedra en el que cada detalle guarda la huella del tiempo. Entre ellos destaca la iglesia de San Gregorio, hoy en ruinas. Según el cronista Stepannos Orbelyan, fue fundada por el mismo Gregorio el Iluminador y más tarde reconstruida por el ermitaño Stepanos, que impregnó sus muros de humildad y fortaleza.
Durante siglos se creyó que las paredes del templo tenían el poder de curar mordeduras de serpiente. Peregrinos de tierras lejanas llegaban hasta aquí en busca de esperanza y sanación. Así Vorotnavank se convirtió en un santuario donde la oración se unía al milagro y la leyenda a la fe.
Hoy el monasterio recibe a los viajeros con silencio y grandeza, invitándolos a escuchar el susurro del pasado que resuena en sus arcos de piedra y laderas montañosas. Vorotnavank no es solo un monumento arquitectónico, sino una crónica viva del camino espiritual de Syunik, impregnada del aliento del tiempo.
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