En la alta orilla del río Akhuryan, donde la llanura se abre amplia y silenciosa, se alza Marmashen – uno de los complejos monásticos más impresionantes de Armenia. Su fundador, el príncipe Vahram Pahlavuni, soñó con levantar aquí un santuario que uniera la grandeza de la fe con la belleza del arte en piedra. La construcción comenzó en 986 y se prolongó durante más de cuarenta años, hasta que en 1029 el monasterio apareció en toda su armonía terminada.
En el centro se encuentra la iglesia principal con cúpula, cuyos muros están decorados con finas hornacinas triangulares; bajo la luz cambiante, las paredes parecen cobrar vida. Junto a ella se levantaba una segunda iglesia, concebida como réplica exacta de la primera: los fragmentos conservados aún permiten imaginar su antiguo esplendor. Todo el conjunto está construido en toba roja, que brilla intensamente contra el azul del cielo y deja una impresión inolvidable.
Marmashen fue no solo un centro espiritual, sino también cultural, que atrajo peregrinos y artesanos de toda la Armenia medieval. Hoy, entre sus muros antiguos, se siente el aliento de los siglos y la fuerza de una arquitectura que une pasado y presente en un mismo espacio eterno.
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