Escondido entre colinas verdes y espesos bosques de Lori, el lago Tzover parece un espejo encantado de la naturaleza. Sus aguas, alimentadas por la lluvia y manantiales subterráneos, son tan claras y puras que parece que la propia tierra hubiera guardado en ellas el aliento de los siglos.
Pequeño en tamaño –unos 250 metros de longitud– encierra en sí una calma y una grandeza que no pueden medirse con cifras. A solo tres kilómetros del pueblo de Dsegh, este lago se ha convertido en refugio para quienes buscan soledad e inspiración. En el pasado, grandes escritores armenios como Avetik Isahakyan, Alexander Shirvanzade y Vahan Teryan solían venir aquí, encontrando en sus reflejos imágenes para sus versos inmortales. En el silencio de Tzover, la naturaleza parece respirar más lentamente, permitiendo al visitante escuchar sus propios pensamientos y sentir la eterna armonía del mundo. Su superficie espejada refleja no solo nubes y bosques, sino también la poesía nacida en el corazón humano.
Incluso hoy, sentado en su orilla, se percibe la misma fuerza inspiradora que alguna vez llevó a los clásicos a crear. Tzover no es solo un lago, sino una leyenda viva, donde naturaleza y poesía se han fundido para siempre en un único aliento.
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