En la pintoresca garganta de Vayots Dzor, a orillas del impetuoso río Arpa y entre las laderas escarpadas de las montañas, se esconde el monasterio de Gndevank – un antiguo refugio que parece grabado en la severa belleza de la naturaleza. Su construcción comenzó a principios del siglo X por orden de Sofía, esposa del príncipe Smbat, quien dejó su nombre en la historia con una inscripción poética. En el muro del monasterio aún se leen sus palabras: "Vayots Dzor era un anillo sin piedra. Construí este monasterio y engasté en él una joya preciosa". Estas frases reviven una época en que los santuarios eran las verdaderas joyas de la tierra.
Y en verdad, Gndevank se convirtió en la gema de Vayots Dzor. Sus muros sobrios y sus celdas silenciosas guardaron durante siglos las oraciones de los monjes y dieron refugio a ermitaños en busca de soledad. El monasterio fue también un centro cultural, donde se escribían y copiaban manuscritos y se formaban generaciones de servidores de la Iglesia.
Hoy, al pie de sus antiguas murallas, se siente el aliento del tiempo, se escucha el murmullo del Arpa y se imagina el eco de las campanas resonando en el desfiladero. Gndevank sigue siendo un lugar donde naturaleza y fe, piedra y palabra se entrelazan, convirtiéndose en símbolo eterno de la riqueza espiritual de Armenia.
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