En el corazón de Gegharkunik, cerca de las tranquilas orillas del lago Seván, se extiende Noratus – un vasto cementerio de jachkáres donde la piedra se ha convertido en un manuscrito eterno, escrito por las manos de maestros antiguos. Bajo el cielo abierto se alzan cientos de jachkáres, cada uno como un capítulo de historia, como una oración inmóvil dirigida al cielo. Son especialmente valiosas las piezas finamente talladas de los siglos XIII-XIV, donde se entrelazan la delicadeza de las líneas, la profundidad de la simbología y la inconfundible firma del artesano. Al caminar entre ellas, el tiempo parece desdibujarse: algunas piedras guardan severa solemnidad, otras muestran un delicado encaje que parece cobrar vida con la luz del sol.
Noratus es conocido como la "sinfonía de los jachkáres" – y en verdad cada motivo y ornamento resuena al unísono con el viento y el susurro de las montañas. Es uno de los pocos lugares donde se puede observar cómo este arte evolucionó a lo largo de los siglos, reflejando tanto las alegrías como las tragedias del pueblo armenio.
Las leyendas afirman que el alma del maestro habita en cada piedra, y por eso siguen "respirando" incluso después de siglos. El arte armenio de los jachkáres, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, vive aquí, manteniendo encendida la memoria de la Armenia medieval para todos los que vienen a escuchar su historia.
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