Al noreste de Sanahin, entre las montañas majestuosas de Lori, se alza el monasterio de Haghpat – una joya en la que la piedra parece guardar la voz de los siglos. Fundado en el siglo X, bajo el reinado del rey Ashot III de la dinastía Bagratuni, nació en una época en la que Armenia florecía en cultura y espiritualidad. Sus muros de piedra, gastados pero firmes, aún conservan el eco de aquella grandeza, como guardianes silenciosos del tiempo.
Entre sus joyas destacan la iglesia de la Santa Madre de Dios (1025), la iglesia de Surb Nshan, la biblioteca y numerosos edificios que otorgan al monasterio la apariencia de una ciudad espiritual. Fue aquí, a finales del siglo XVIII, donde vivió y creó Sayat-Nova – el gran ashugh cuyas canciones se convirtieron en la voz del pueblo y en la encarnación del alma del Cáucaso. Su eco parece aún vibrar entre las paredes, como si sus cuerdas no hubieran dejado de sonar.
Pero Haghpat no fue únicamente un monasterio: fue un faro de saber, donde se copiaban manuscritos, se guardaban libros y se debatían ideas que alimentaban la vida espiritual y cultural del país. Hoy, inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, sigue siendo un testimonio vivo de la edad dorada de la espiritualidad armenia.
Al pie de sus muros antiguos es fácil sentir cómo pasado y presente se entrelazan, mientras el silencio del monasterio se llena de una melodía eterna de oración y canto.
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