En el corazón del valle de Shirak, donde los fríos vientos llevan consigo el aroma de las estepas, se encuentra Gyumri – una ciudad donde el pasado y el presente respiran al mismo ritmo. Sus calles antiguas son como páginas de un viejo libro, en las que cada puerta, piedra y balcón guarda historias transmitidas de generación en generación.
Paseando por sus barrios, uno podría imaginar escuchar el golpe del martillo de un viejo herrero o ver una carreta asomando por la esquina, con el cochero invitando, con una sonrisa, a recorrer la ciudad de artesanos y poetas.
Las casas de Gyumri, construidas en toba colorida y adornadas con balcones tallados, han resistido terremotos y tormentas, conservando su porte orgulloso y el calor de las manos que las levantaron. Entre el aroma del pan recién horneado y el sonido de los violines callejeros flota un espíritu especial – una mezcla de oficios antiguos, hospitalidad sincera y la sutil ironía propia de sus habitantes.
Centro cultural de Armenia desde hace siglos, Gyumri fue el escenario donde por primera vez se escuchó la ópera "Anoush" de Armen Tigranyan, grabando para siempre su nombre en la historia del arte. Se dice que esta ciudad sabe querer a sus visitantes tanto que parten sintiendo que han encontrado aquí un segundo hogar. Tal vez porque Gyumri no es solo un punto en el mapa, sino un narrador vivo que susurra sus leyendas a todo aquel dispuesto a escucharlas.
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